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domingo, 25 de febrero de 2018

NOVELA: LOS PAPELES POSTUMOS DEL CLUB PICKWICK de Charles Dickens

Literatura Ramdon House Mondadori
1032 páginas
También disponible en ebook.

Entrar en una de las grandes novelas de Dickens es siempre una aventura.
Unas gozosas vacaciones entre personajes y paisajes que nos llevarán entre el humor, el misterio y el melodrama por la pluralidad interior de los seres humanos, cruzando todos los estratos sociales y tipos de su época.
Posiblemente un genio de la narrativa a la altura de lo que puede ser Shakespeare para el teatro, el autor nos envuelve con sus historias que se envuelven, se recogen, se multiplican.... contar, con una pluma que dibuja, perfila y colorea, es una virtud que lo convierte en un personaje histórico casi único.
Doy gracias de que todavía me queden por disfrutar muchas de sus obras, muchas largas travesías.
Ahora, Los papeles póstumos del Club Pickwick, me reafirma en un nuevo descubrimiento.
La novela narra el viaje que el anciano, generoso y erudito Mr Piclwick emprende por Inglaterra acompañado de unos cuantos acólitos para descubrir su propio país y regalar posteriormente a su Club una crónica completa de su geografía y sus gentes.
En este lago periplo, compartiremos aventuras, amoríos, dramas y cuentos que se integran en la narración como pequeños diamantes.
Todo ello, desde la ironía  la ternura para dibujar almas, personas y costumbres.
Porque dentro de su grandeza, hay dos aspectos que hacen especialmente única esta pieza:
En primer lugar, su capacidad para dibujar un fresco inmenso de un país y de una época, desde su perspectiva más amplia, trotando por todos los niveles sociales, usos y costumbres, desde las grandes casas de campo a las infectas mazmorras. En ese sentido, Los papeles tiene mucho más valor a la hora del retrato y la crónica que infinidad de libros de historia.
En segundo lugar, la fastuosa colección de personajes, todos ellos plenos tipos, complejos y completos, de una riqueza sorprendente y en los que cada uno podría gozar de su propia historia. Sólo destacar que si es difícil no admirar al protagonista, dudo que alguien pueda ser inmune al encanto de Sam Weller.
Lo dicho: Los papeles del Club Pickwick es una de las obras claves de la literatura universal y in duda de las experiencias más fantásticas que nos puede regalar un libro.
Y lo más importante para conseguirlo, es que detrás de sus páginas hay un genio creador como Charles Dickens que entiende que su pluma, fluida, siempre debe de ir empapada en la poesía y en la ternura.

Públic

sábado, 24 de febrero de 2018

CINE: TODO EL DINERO DEL MUNDO de Ridley Scott

USA. 2017
Michelle Williams. Mark Walhberg. Christopher Plummer. Timothy Hutton. Romain Duris. Charlie Shotwell. Charlie Plummer. Andrea Pedimonte. Marco Leonardi. Roy McCrerey. Kit Chanston. Maya Kelly. Stacy Martin. Olivia Grant

No puedo estar más de acuerdo con el comentario de Carlos Boyero sobre esta película: pocas cosas hacen tanto daño a la apreciación del cine de Ridley Scott como el hecho de que haya sido, en sus inicios, el autor de películas como Los Duelistas, Alien o Blade Runner. Todos esperamos de el grandeza, y más cuando, como en este caso, parece que hay material para ello.
Sin embargo, ya demostró con Gladiator ( tan apreciada por muchos a pesar de su convencionalidad ) que es capaz de girar su obra hacia el blockbuster, lo que tampoco tiene porqué tener nada de malo, más allá de la pérdida de oportunidades.
En este caso, nos encontramos en la última situación.
Todo el dinero del mundo es, sobre todo una película eficaz y cara.
La historia de la familia Getty, el secuestro tan mediático entonces de uno de los nietos, con corte de oreja incluido, y, sobre todo, el personaje del abuelo, el hombre más rico del mundo en ese momento, ejemplo brutal de la avaricia, daban para una trama shakespereana de traiciones y pecados.
Sin embargo, no es la vía que se elije.
De hecho, el desarrollo de dos personajes como el agente de la CIA y el buen secuestrador, dejan claro cual es la política del producto resultante. A pesar de que los fastuoso escenarios, entre el clasicismo más bello y la estética chirriante de la época, pudieran darnos otra impresión en ocasiones.
¿ Es algo malo?.
Repito, para mi no. Sí es algo limitado.
Frente a eso, Todo el dinero del mundo es una cinta muy bien rodada, muy hermosa, ágil y siempre entretenida, incluso tensa si no se conoce la historia y su conclusión.
Veo al Scott de siempre en dos personajes:
En el anciano Getty, aunque eso posiblemente tenga mucho que ver con la soberbia interpretación de Christopher Plummer. Creo que las escenas en las que escapa del ataque de las páginas de periódicos  el paseo nocturno final por su mansión son lo que más se acerca a lo que pueden encontrar los nostálgicos de la obra de antaño del director.
En el de la madre, que también interpreta soberbiamente Michelle Williams, y es que Scott no parece regalarle empatía ni la facilidad de su rol, moviéndola siempre en un nivel de ambiguedad que deja su comportamiento abierto a nuestra interpretación.
Una última curiosidad: acompaño este comentario con la carátula de la película que más me gusta, independientemente de que sea en la que aparezca aun Kevin Spacey como intérprete, pero eso es otra historia. No lo echamos de menos pero tal vez algún día se nos deje ver su versión, sería curioso.

Público

sábado, 17 de febrero de 2018

CINE: EL HILO INVISIBLE de Paul Thomas Anderson

USA 2017
Daniel Day Lewis. Vicky Krieps. Lesley Manville. Richard Graham. Bern Collaco. Jane Perry. Camilla Rutherford. Pip Phillips. Dave Simon. Ingrid Sophie Schram. Gina Mcknee

Recuerdo hace unos años una conversación con una amiga mía sobre si el análisis válido de una película es el que hacemos inmediatamente después de verla o el que puede surgir tras reflexiones posteriores.
Creo que es importante, para que la valoración sea personal ( mi defensa habitual de lo subjetivo ), lo inmediato, pero no es único, las grandes obras permanecen y van desarrollándose interiormente mucho tiempo después. No sólo eso, sino que algunas, requieren para su comprensión una actitud activa y posterior.
Me gustan esas obras. No por eso debemos renunciar al mero entretenimiento. Pero me gusta establecer un diálogo con el autor.
El Hilo Invisible es una de esas obras, sin duda.
Es difícil no tener una opinión durante su desarrollo pero sobre todo, es difícil no reaccionar con desconcierto y la necesidad de reflexión ante su final, sorprendente final.
Paul Thomas Anderson, es un director capaz de grandes obras, en tamaño y categoría, piezas ambiciosas y sobre todo muy personales, que nunca dejan indiferente. Para mi uno de lo actuales genios del séptimo arte.
En El Hilo Invisible, hasta llegar a ese final, citado, ya nos lleva a navegar por una historia compleja disfrazada:
El protagonista principal es un modista de éxito en la capital inglesa. Un creador, sin duda atormentado al que sostiene la fidelidad de su hermana. Su encuentro con una nueva musa, posíblemente con una estructura interior igual de compleja, abrirá la puerta a la posibilidad de desestabilizar la tan aparentemente sólida estructura.
Cuando digo que la narrativa de la película, la forma de mostrarla, está disfrazada, me refiero a dos aspectos.
El primero, el de contenido/ referencias. Está claro que Hitchcock aparece como mentor en muchas escenas y códigos de El Hilo Invisible. Tanto estéticas como psicológicas. Y sin embargo, a medida que se desarrolla la trama, lo importante es que todo se pervierte, se transmutan las referencias y nos sorprenden giros no previstos. No quiero avanzar sobre este punto porque caería en el spoiler. De todos modos, el director consigue, como lo conseguía antes el genio del suspense, que una tensión más incómoda por desconocida, habite las escenas cotidianas en principio más comunes y menos amenazantes.
El segundo disfraz es el de la ligereza.
Con lentitud y meticulosidad, con una precisión visual al detalle y una dirección artística sobria y perfecta, la cinta va fluyendo con serenidad, sin desajustes, en un constante equilibrio donde no existen los exabruptos. Parece fácil crearla y parece fácil percibirla. Y sin embargo, no puedo explicar muy bien las razones, tengo la constante sensación de que durante estas dos horas hay una corriente subterranea que recorre todo lo que está aparentemente ocurriendo en pantalla y que remite a la generación de tensión que citaba en el párrafo anterior.
El final, ese final del que antes ya he hablado y sobre el que no quiero dar ninguna pista, nos demuestra que así era y viene para decirnos que tenemos que hacer una relectura de lo que acabamos de ver. A raíz de ese final, y posiblemente esta sea una de las opciones más arriesgadas que hemos visto últimamente en una película, todo lo que creíamos haber comprendido, cobra una dimensión diferente.
El contraste es más brutal, más inesperado, por el clasicismo de la factura, que parece derrepente roto.
De nosotros depende, y exige esto una actitud decisiva por nuestra parte, aceptarlo e intentar encajar de nuevo las piezas, buscando una riqueza imprevista, o sentirnos engañados. Personalmente no puedo negar el desconcierto que me produjo pero me quedo con la primera opción.
El Hilo Invisible es un regalo complejo que podemos abrir o no, y que una vez que lo hacemos nos permitirá múltiples interpretaciones, desde la historia de amor a la metáfora.
Pero también podemos quedarnos en la superficie, y entonces tendremos una película bellísima, elegante, hermosa, con una banda sonora a disfrutar con los ojos cerrados y un empaque visual para disfrutar con los ojos muy abiertos. Eso en el peor de los casos, y ya es mucho.

Público 

CINE: LA FORMA DEL AGUA de Guillermo del Toro

USA 2017
Sally Hawkins. Doug Jones. Michael Shannon. Octavia Spencer. Richard Jenkins. Michael Sttuhlbarg. Lauren Lee Smith. David Hewlett. Nick Searcy. Morgan Kelly. Drue Viergever. Maxine Grossman. Amanda Smith. Cyndy Day. Dave Reachill

Todas las películas de Guillermo del Toro se mueven en una ciencia ficción muy cercana a lo infantil, al cuento, no tanto por lo que narran como por lo que exige, por la posición en la que coloca a su público.
Para disfrutarlo, hay que creer en vampiros y en faunos, aterrorizarse en los túneles abandonados del metro, soñar con el amor incondicional entre diferentes especies.... no avergonzarse de gozar de la ingenuidad y la inocencia, reconocer que cuando decidimos creer y dar así un paso atrás en nuestra experiencia, nos encontramos en muchas ocasiones con algo tan gratificante como la ternura.
Fiel a sus principios, a lo que quiere contar, ha sido capaz de conseguir un equilibrio entre el cine de autor y los grandes estudios. Algo tan reconocible como en general la solidez de su carrera, por supuesto con algunos productos mejores que otros, pero siempre con una firma singular.
Me gustaría comparar en este sentido La Forma del Agua con su muy aclamada El Laberinto del Fauno. Esta última pareció marcar un nuevo camino en el género, siendo reconocida en la media de Metacritics con la puntuación más elevada de ese año. Por mi parte le reconozco sorpresa y creatividad, ritmo y magia, sin embargo, debería de volverla a ver porque la sensación que tengo es que el realismo en el paisaje guerracivilista no terminaba de encajar con el cuento mágico, con lo que, la estructura para montar las piezas era demasiado perfecta y personalmente la encontraba un tanto artificial.
Ese problema no está en La Forma del Agua.
Aquí, todo fluye. Y creo que, en gran parte, es gracias al cine.
El cine, y no la historia ( como en el otro caso ) es la base donde se dibuja este romance triste que viven esta chica muda y el monstruo marino. El cine, y no sólo me refiero al homenaje implícito en la ubicación de la vivienda de la protagonista o las revisiones de clásicos en blanco y negro, me refiero al cine como referencia argumental, porque es del cine, de historias de siempre en celuloide, de donde salen los perfiles de los espías rusos, el misterioso laboratorio, el malo malo malo o el mismo anfibio.
Y de un cine que se ama.
De un cine en que, seguro, su autor se sumergía en su infancia  que ahora recupera con gozo.
Hace unos días, escribiendo sobre Los Papeles del Pentágono hablaba de la falta de complejos de su director. Pues bien, es algo que se repite aquí con Guillermo del Toro: la película, desde el minuto uno, se conforma como un artefacto encantador, delicioso, rozando abiertamente la cursilería, con una ambientación sonora propia de esos musicales que rememora y una fotografía colorista, naif,  que remite a Amelie ( de quien tampoco está muy lejos la protagonista).
Pues bien, no sé si valdrá para todos, pero a mi me atrapa desde el minuto uno, me arrellano en la butaca con una sonrisa, me enamoro de esta chica que podía ser infeliz pero no lo es, le deseo el amor y me alegro cuando lo recibe, sueño en sus sueños y cambio de gesto, escupo, cuando aparece el malo malo malo.
Percibo la magia que existe en toda la narración, que enmarca esos precisos decorados de casa de muñecas y que en algunas escenas hace eclosión llenándolo todo.
La Forma del Agua es, si la aceptamos como tal, una película terapeútica.
A mi me acaricia el corazón en su belleza y en su ternura.
Y por supuesto, todos lo cuentos tienen una moraleja, y el de este no puede ser más claro y más bonito, habla del amor pero sobre todo de la aceptación de la diferencia, de que lo que importa es, debe de ser, siempre, el interior, por que en aquello que nos causa rechazo puede estar escondido bada menos que un dios, y, en cualquier caso, un precioso ser humano.

Público

SERIE: LA CASA DE LAS MINIATURAS de Guillem Morales

Uk. 2017
Director.-
Guillem Morales
Intérpretes.-
Anya Taylor Joy. Romola Garai. Alex Hassel. Lara Bond. Lucas Bond. Ziggy Heath. Sally Messham. Hayley Squires. Jack Brady. Emily Berrington. Paapa Essiedu
BBC
Duración.-
3 capítulos
50`c.u.
Basada en la novela de Jessie Burton
Disponible en Filmin

La Casa de las Miniaturas ( novela ) fue uno de esos best sellers históricos que últimamente abundan tanto, si bien, eso sí, con cotas importantes de calidad literaria y arqueológica y sobre todo con un objetivo narrativo muy interesante: romper la historia, o más bien, la visión histórica de una época.
Hablamos de Amsterdan y hablamos del siglo XVII.
Una muchacha procedente de una familia rural empobrecida, se desplaza a la capital para afrontar un matrimonio con un rico comerciante a quien apenas conoce pero que librará a los suyos de la ruina.
Al llegar se encontrará en la capital de un país prospero y una ciudad ordenada y discreta, poblada por una raza de mercaderes a los que se podía reconocer un capitalismo internacional incipiente. Una sociedad de una moralidad en apariencia intachable y sostenida por el esfuerzo. También un conjunto de normas rígidas en una casa austera, que no tarda en adoptar la apariencia de una cárcel.
Pues bien, como ocurre con las familias perfectas, también las sociedades perfectas tienen mucho de fachada.
Esta novela nos hablaba de los secretos que se escondían detrás de las paredes, de aquellos misterios que no lo serían si se hubiese decidido vivir en la sinceridad. Pero tal vez secretos no sea la palabra adecuada, porque hablamos de aquello que todos conocen pero deciden dejar a un lado para utilizarlo como arma cuando sea necesario.
También nos habla de la realidad detrás de esas ansias de descubrir mundo, de conquistar comercialmente parajes ignotos, esa realidad está muy cercana a la avaricia y a la necesidad de poder, sólo por el poder.
Y por último, está la posición de la mujer, minimizada fuese cual fuese su capacidad intelectual. Aceptada por la mayoría.
Como digo, La Casa de las Miniaturas tenía la capacidad de dinamitar estos tres principios, eso sí, con la aceptación de un nivel de misterio, de ciencia ficción, de magia. Con la aceptación de no buscar explicaciones a cambio de generar una atmósfera cercana al thriller que nos agarra desde la aparición de lo extraño.
Recuerdo que en la lectura de la novela, esa falta de explicaciones me produjo cierta frustración, aunque no por ello, deje de reconocer lo que la había disfrutado.
A la serie, no se le puede pedir que vaya más allá de la novela, eso está claro.
Lo que sí se le puede  pedir, y lo cumple, es una producción capaz de trasladar el ambiente de la época y sus escenarios, algo que lleva a cabo con rigor, belleza y preciosismo. Caminamos por sus calles, nos detenemos en los rincones y, sobre todo, habitamos el interior sólido y pesado de esas casas en las que las cortinas se abrían con el único objetivo de impedir las elucubraciones negativas, de dejar que desde fueran sintiesen que podían asomarse a unas vidas transparentes, pero lo importante no era que entrase la luz.
También se le pide, por supuesto, un guion capaz de generar una estructura narrativa en crescendo donde lo inexplicable encaje sin demasiadas preguntas  y donde sus personajes se presenten como entidades completas con un mundo interior que otorgue el nivel necesario de misterio y frustración. También lo consigue.
La Casa de las Miniaturas, serie, es didáctica, apasionante, hermosa.
Cabe por supuesto la duda de hasta que punto es aceptable jugar a no dar explicaciones, utilizando mecanismos narrativos artificiales y , en este sentido, susceptibles de manipular. Pero como he dicho, no podemos pedir a la serie algo que no se ha pedido a la novela.
Mientras tanto disfrutemos, porque hay mucho que disfrutar en esta propuesta que, una vez más, conocemos gracias a Filmin.

Público

jueves, 15 de febrero de 2018

SERIE TV: DETECTIVE MUNCIE ( IN PLAIN SIGHT ) de John Strickland

UK 2016
Director.-
John Strickland
Intérpretes.-
Martin Compson. Gilly Gilchrist. Jack Greenles. Sorcha Grondsell. Douglas Hemshall. Alana McDowell. Kate McLauglin. Bobby Rainsbury. Joanna Roth. Joanne Thomson. James Harckness. Shauna McDonald
BBC
Duración.-
3 capítulos
45' C.U.
Disponible en Filmin.

Filmin continua ofreciéndonos miniseries británicas que difícilmente accederían a canales saturados de producciones de mayor ambición ( no por ello mejores ). Son productos personales, marcados por la buena factura y, en la mayoría de los casos, capaces de trasladarnos diferentes etapas de la historia de su país.
Importantes como productos televisivos; no en vano, fue desde ahí desde donde en su día llegaron producciones que nos llevaron a otra forma de consumo seriado ( estoy pensando en Arriba y Abajo o Retorno a Brisehead frente a , por ejemplo, Dallas ).
En este caso, Detective Muncie nos acerca al caso del primer asesino en serie de las islas, un personaje lastrado por la psicopatía, criminal depredador, carente de empatía y de cualquier asomo de respeto hacia otros seres humanos. En tres capítulos breves, palpamos la atmósfera de la pequeña comunidad a la que consiguió aterrar y su juego cruel con el detective que se obsesiono con su captura. Una muestra coral y minuciosa, perfecta tanto en los detalles externos cono en los íntimos que sirven para dibujar con precisión cada personaje.
Una vez más, resaltar la buena factura que ya citaba en el párrafo inicial, nunca ausente en las producciones de la BBC. Pero también el hecho de la singularidad: ninguna de las propuestas que hemos disfrutado en los últimos tiempos carece de personalidad, de una textura adecuada a la historia que nos narran . El estilo, una vez más, está totalmente al servicio de la historia y eso hace que cada producción sea diferente.
En este caso, hay que destacar dos aspectos:
Una, su oscuridad , acorde totalmente con la crueldad de los sucesos narrados, con esa mezcla pastosa que se produce cuando se funden tristeza y miedo. Es una sensación que se alcanza en la bella y densa fotografía y en esa cobertura casi neblinosa de las imágenes. También en el movimiento pausado y en esa coreografía de movimientos que no deja de acercarse al sueño, más bien a la pesadilla. Eso si, con un pudor que evita cualquier truculencia. No hace falta mostrar. De hecho creo que lo más aterrador en Detective Muncie es la mirada del asesino.
En segundo lugar, creo que lo que convierte esta serie en muy eficaz, es su control de la elipsis, la selección. Es breve, es contundente, no sobra ni falta una sola frase, ni una línea, ni un fotograma.
Detective Muncie es muy clásica en apariencia.
Podría haber sido rodada en el momento en que se produjeron los hechos. No ya por su configuración estética, sino porque es también capaz de transmitirnos lo que se sintió entonces.
Pero no antigua. Es una fantástica muestra, una vez más, del género televisivo. Apasionante visual e intelectualmente.

Público 

sábado, 10 de febrero de 2018

CINE: CALL ME BY YOUR NAME de Luca Guagagnino

Italia 2017
Timothee Chalamet. Armie Hammer. Michael Stuhlbarg. Amira Casar. Victorie Du Bois. Esther Garrel.

El guion de esta película, procedente al parecer de una famosa novela, es de James Ivory.
Este director británico, dirigió en el 87 Maurice. Tras el éxito de sus adaptaciones de E.M.Foster ( en especial Una Habitación con Vistas ), afrontaba una novela menos conocida en la que el escritor hablaba de su homosexualidad.
La trama en ese caso, se centraba en la hipocresía con que la sociedad victoriana obligaba a vivir esas pasiones prohibidas.
Ha pasado mucho tiempo desde Maurice a Call me by your name, y las cosas han cambiado mucho.
Hace unos años, ya fue nominada al Oscar a la Mejor Película una cinta con esta temática, Broadback Montain. Esta película italiana repite la hazaña.
Posiblemente, quepa la duda del peso que en esos reconocimientos tiene el hecho de la discriminación positiva inconsciente. Posiblemente algo. En cualquier caso ambas son buenas obras y creo que sería injusto y negativo etiquetarlas ( y consecuentemente encorsetarlas ) como referentes gays.
Como decía antes, muchas cosas han cambiado desde Maurice. Seguramente muchas cosas que a James Ivory y a E.M.Foster les habría gustado vivir. Ahora, consecuentemente, la presión no es exterior, sino interior. El conflicto está en conseguir entender lo que le está ocurriendo, por parte de uno de los protagonistas, y de aceptarlo, por parte del otro.
Lo cierto es que el desarrollo de esta historia, sería trasladable casi sin modificaciones, a un primer amor heterosexual de verano.
Me quedo, y me gusta mucho, la primera parte de la película, la que traslada la sensualidad de la campiña italiana, de la juventud, de la libertad y el respeto, de las palabras y los descubrimientos. La herencia de esa civilización que está presente desde los títulos de crédito a través de hermosas esculturas y que ha dejado como legado su aceptado hedonismo. Pocas veces se había sentido tan bien en una pantalla el espíritu del verano, su textura, su olor y su luz. El director sin duda lo consigue con una hermosa fotografía y una bellísima música, pero sobre todo con una caligrafía que traslada el protagonismo a la naturaleza, a los vacíos de esa casa, a los objetos que acompañan... colocándonos en un nivel pausado y contemplativo, nos llegamos a sentir empapados en ese ambiente intelectualmente lúdico.
Una vez que se conforma la historia de amor, me parece que se normaliza la narración , se vuelve más convencional,  algo que por otro lado no tiene nada de negativo.
Tal vez en esta parte, me habría gustado acercarme al interior del muchacho americano para descubrir hasta que punto se siente atrapado por la atmósfera mediterranea, cual es su nivel de desconcierto y de huida, pero eso habría sido otra historia.
Al final hay una lúcida lección sobre como vivir la vida, sobre como atesorar esos momentos inolvidables aceptando que su grandeza está en que no sean eternos, que hay que guardarlos con su dolor incluido, que hay que aceptar su lejanía para no perderlos. Un mensaje que enternece en los labios de un padre.
Y un adiós, y unos ojos con lágrimas pero de una  hermosa tristeza.
Call me by your name es diferente, ligera en apariencia, densa. Es larga, es tranquila, se toma su tiempo para contar.
Creo que su temática ha llevado a que se sobrevalore un poco, pero sin duda es una de las cintas importantes de este año.
Y que las cosas hayan cambiado está bien, muy bien.
De Maurice a Call me by your name, largo viaje.

Público 

CINE: LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO de Steven Spielberg















USA. 2018
Meryl Streep. Tom Hanks

Lo que más llama la atención en la prácticamente unánime alabanza de este película, es que ningún comentarista, atacado de modernidad, la tache de antigua o de patriotera.
La última cinta de Spielberg es posiblemente lo más clásico que hayamos visto en fondo y forma en esta temporada, y desde hace bastante tiempo.
En forma, porque en su elegancia formal y su correcta dramática, no hay más atisbo de estilo que la eficacia y la contundencia. El trabajo de un gran director al servicio de una muy buena historia que quiere filmar sin intromisiones.
En el contenido, porque siendo una historia real, posiblemente de coraje y valentía, está narrada en clave de heroismo y de exaltación de los valores que, se suponen, imbuyen el espíritu de América: la verdad, la libertad, la honestidad.
Así tanto el director del periódico como su propietaria, podrían encajar en cualquier película de Capra o de otros directores de la época dorada de Hollywood, pero también quienes les rodean se mueven en ese nivel de ternura y simpatía dentro de su lucha.
Además, la cinta es también un homenaje a la mujer y a su batalla, a veces como en este caso, espontanea, por ocupar posiciones en un mundo de hombres. Algo que se resalta en perspectivas quizás un poco obvias.
En cualquier caso, Los Archivos del Pentágono es cine histórico, pero consigue que, narrando un hecho tan duro como los secretos que guardó la Casa Blanca, vinculados al drama de muchas vidas de muchachos inocentes en la guerra de Vietnam, esté cercano a la textura de los feelgood movies donde ganan los buenos.
En un ejercicio de contención, el director renuncia a la tensión sustituyendo el thriller por la alabanza.
Spielberg siempre ha trabajado sin complejos y no los tiene aquí.
El cine, en muchas ocasiones, ha sido propaganda. Quizás ahora, en tiempos políticos bastante oscuros para la potencia más importante del mundo, está bien que sirva de recuerdo.
Pues bien, el producto final es una obra muy sólida, incluso excelente, que disfrutaremos nosotros si somos capaces de acallar también nuestros complejos y reconocer que nos gustan mucho, muchísimo, las películas de siempre cuando están bien hechas.

Público

miércoles, 7 de febrero de 2018

NOVELA: REPÚBLICA LUMINOSA de Andrés Barba

Anagrama
200 páginas
También disponible en ebook
Premio Herralde de Novela

Concluyo la lectura de esta breve novela, que devoro en dos días, fascinado y sobrecogido.
No son muchas sus páginas y sí inmenso el caudal de sentimientos que maneja, la cantidad de sugerencias, de pensamientos intuidos que aparecen como hilos de los que nosotros decidimos si queremos tirar, si nos atrevemos, si tenemos valor para asumir la extrañeza.
Porque en República Luminosa, entre otras cosas, Andrés Barba nos invita a mirar con otros ojos cualquier certeza, incluso nuestro interior.
Y también, por supuesto, a navegar entre géneros, sorprendiéndonos en cada recodo del camino.
La infancia es, según muchos, la verdadera patria de cada uno, esa Itaca a la que regresar o la época que nos erosión hasta hacernos lo que luego seremos. Siempre la hemos teñido de inocencia, de ingenuidad, muchas veces en el límite de la estupidez.
Por eso, y el cine lo ha utilizado en muchas ocasiones, cuando se convierte en algo oscuro, produce verdadero terror, por el feroz contraste y un desconcierto que impide la defensa.
Hacia el cuento de terror parece deslizarse esta República Luminosa, un terror hipnótico y lleno de misterio y que implica todo lo que lo rodea. Pronto, sin soltar el desasosiego, podremos agradecer a su autor la inmersión en una extraña poesía.
La obra habla de los niños perdidos, pero también de los adultos que han olvidado su propia infancia.
Habla de otras cosas como la realidad de nunca conocer a los demás, del misterio que esconde cada ser humano, del extraño amor que puede surgir en cualquier momento, y del miedo, individual y colectivo.
La hermosa y precisa prosa del autor se decide por una creación densa en la que se dibujan a la perfección las líneas narrativas, en una geografía coral donde los personajes están perfectamente definidos y un paisaje que enmarca perfectamente los sucesos entre los pecados de los adultos en apariencia civilizados. Es esto último lo que le otorga también su nivel de crónica de la injusticia, otro punto de reflexión.
Pero lo que más me gusta, y es mucho lo que me gusta, es el descubrimiento que hace el narrador y que nosotros hacemos con él, ese nacimiento de una nueva sociedad, una nueva dimensión, con sus milagros, siempre fruto de la grandeza que esconden los seres humanos, y su posible condena a contaminarse, aunque esto venga sólo anunciado en una palabra en la pared.
Es alguien que nos lo cuenta, que nos narra aquel trágico episodio del que fue parte porque posiblemente nunca pueda olvidarlo.
Tampoco será fácil olvidar la lectura de República Luminosa.

Público

domingo, 4 de febrero de 2018

NOVELA: EL LIBRO DE LOS NOMBRES de Colm Toibin

Lumen
288 páginas
También disponible en ebook

No sé el papel que ocupa dentro de la crítica literaria ( o dentro de la crítica en general ), conocer los motivos que llevan a un autor a escribir una obra determinada.
En este caso, parece cuando menos peculiar que alguien en pleno siglo XXI se decida por rememorar La Orestiada.
Lo cierto es que este autor ya tocó el pasado, mito o realidad, para hacer una introspección nada menos que en el personaje de la Madre de Dios en El Testamento de María, pero quizás en ese caso fuese más un intento de colocar al personaje dentro de los límites de lo humanamente comprensible prescindiendo de toda referencia divina. Bueno.... también aquí hay cierta paganización en la ausencia de dioses, a lo mejor son propuestas no tan diferentes.
La narrativa de El Libro de los Nombres,se desarrolla alrededor de las acciones que conforman la leyenda mitológica, eso sí, llenando los huecos de la historia y buscando de una forma más racional la motivación de los personajes en sus trágicos comportamientos.
Creo que, en este sentido, la aportación más singular que encontramos en El Libro de los Nombres es la ausencia del papel de los dioses, sí, lo he dicho antes, para contarnos una historia de hombres, causada y promovida por ellos.
Toibin se apropia, podría decirse, de la mitología para convertirla en carne. Y funciona. En una prosa cuidada y precisa, siempre elegante , asistimos a la tragedia que gracias a esa decisión de base pierde trascendencia para ganar cercanía.
En una estructura de monólogos que cambia los pesos tradicionales ( Climenestra se convierte en un personaje rico , mientras que Electra pierde peso frente a la tradición, y Egisto adquiere una singularidad que personalmente desconocía ), se va desgranando una historia que, lo cierto, es que resulta apasionante.
Como he dicho funciona. Y es que los mitos, antes que mitos eran historias.  Muy buenas historias.

Público