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domingo, 22 de octubre de 2017

CINE: HANDIA de Aitor Arregui y Jon Garaño

España 2017
Joseba Usabiaga. Eneko Sagardoy. Ramón Agirre. Iñigo Aramburu. Alia Kruse. Iñigo Azpitiarte

Hace varios años, me sorprendió la perfección narrativa y el sustrato poético de la ópera prima de dos directores vascos, Loreak.
A pesar de estar rodada en euskera, apoyada económicamente por el Gobierno Vasco y desarrollarse claramente bajo el cielo húmedo de esa tan querida y conflictiva región, no había en ella ninguna referencia política, ninguna alusión tendenciosa, nada que la apartase de ser una historia de vocación universal.
Vuelven de nuevo el mismo equipo.
Pero esta vez se enfrentan a una narración histórica.
De nuevo está absolutamente ligada a esa tierra, la historia real del gigante de Altzo, un muchacho que nunca dejó de crecer y que terminó convirtiéndose en una atracción de feria que recorrió media Europa.
Y de nuevo la afrontan con esa vocación universal, sin ningún mensaje autóctono, más allá del costumbrismo que enmarca toda la narración.
Lo primero que quiero señalar es lo excelente de la producción. Hace ya tiempo que el cine español que recreaba tiempos pasados, dejó de parecer de cartón piedra, es cierto, pero en Handía no sólo la dirección artística y el vestuario son exquisitos, sino que el uso que hacen de ellos, la caligrafía, es singular.  Contribuye a ello una mirada extrañada, compuesta en un montaje atrevido y eficaz y, sobre todo, en una fotografía magnífica. Gracias a todo ello, Handía es una película muy hermosa estéticamente. Cuidada con mimo hasta su último detalle, donde cada escena es casi una pintura.
Pero la elección de la mirada no es sólo estética, sino cuestión de clima.
Tras las primeras explicaciones, la introducción temporal,  el protagonista se enfrenta a una tumba vacía, una imagen  que regresará al final, dando un carácter circular a la narración. En cualquier caso ese cuadro, bajo un cielo plomizo y con fondo de cementerio rural, tiene mucho  de evocador, de referencia literaria, y es que, no en vano, la película está estructurada en capítulos, como si se tratase de una novela.
Más que una novela, Handía es un cuento.
No tanto por su longitud, una epopeya que recorre décadas y países, sino por su tono y sus personajes, y sobre todo, la pureza de los sentimientos que invoca. Es a fin de cuentas una historia real alrededor de un monstruo tierno, aquel que sólo tangencialmente se aprovecha de sus condiciones, el que quiere ser normal. Un hombre elefante, un frankenstein, un alma herida, un niño al que le crece todo menos la maldad y el conocimiento.
Es difícil no quedarse con las ganas de abrazarle, protegerlo, ofrecerle el refugio que seguramente sólo recibió en su hermano.
Son ellos dos, su relación y su lucha por sobrevivir el puntal de la historia que podía haber elegido muchos otros, seguramente más crueles y efectistas, pero optar por la relación fraternal quiere decir mucho sobre el tono deshonestidad y de limpieza, de humanidad en definitiva, que los directores quieren utilizar.
El aliento visual del que antes hablaba, le otorga a toda la cinta un aire de leyenda antigua con algo de gótico, un tono que produce cierto nivel de distancia pero que le sienta a la perfección a esta historia.
Handia es un cuento triste.
Un poema visual sobre la diferencia y el miedo.
Una historia de amistad.
Y, con todo ello, es una excelente película de un gran nivel.
Cine vasco. Cine español. Cine.
Revisando el comentario que en su día escribí sobre Loreak, me encontraba con que alaba su ambición frente al minimalismo reinante en cierto tipo de cine. Pues bien, esa ambición sigue creciendo. El resultado, ya lo he dicho, está a la altura, y sólo nos queda esperar que esta pareja de directores siga ofreciéndonos grandes cosas, y por supuesto, recordándonos que el cine, como cualquier otra forma de arte, es un regalo universal sin tener que renunciar por ello a ser local.

Público

sábado, 21 de octubre de 2017

NOVELA: PERROS QUE DUERMEN de Juan Madrid

Alianza Editorial
468 páginas
También disponible en ebook.

Juan Madrid lo he leído de forma irregular.
Creo que es un buen escritor de novela negra que en algunos casos intenta trascender el género, en el ámbito de lo social y la crónica.
Recuerdo algunas de sus páginas con la suciedad propia de muchos clásicos urbanos de esa literatura que habla de las profundidades del ser humano.
Perros que duermen se presenta como su novela más ambiciosa.
Su vocación negra se introduce nada menos que en nuestra Guerra Civil. Creo que, por primera vez, puede decirse que se sumerge en el género histórico.
Comienza la narración con un encuentro imprevisto, presente y pasado se cruzan en una necesidad de saber, de comprender la importancia y el motivo de un extraño legado.
A partir de ahí, nace una historia en tres tiempos, una de ellas bélica, otra romántica y por último, la definitiva, alrededor de la investigación de un horrible crimen.
Pues bien, cuanto antes lo diga antes me lo quito de encima:
Perros que duermen no me gusta nada o me gusta muy muy poco.
Por un lado, veo un desequilibrio grande entre las partes que lo componen. Parece que existe cierto interés en asistir a ciertas descripciones de ambiente aunque estas nos alejen de la línea principal.
La colección larga de personajes no acabase tener entidad, ninguno de ellos, ni positivos ni antagonistas, llega a alcanzar el nivel icónico, la personalidad que es necesaria para sostener las tramas que propone. Otros aparecen y se volatilizan sin llegar a ocupar un espacio. Los más, son claramente guiados por la pluma del autor y no por la coherencia.
No apasiona algo que deberá apasionar. Personalmente pierdo el interés. No me llega a enganchar ninguna de las subtramas, y cuando alguna lo hace, queda rápidamente sepultada por la siguiente.
Pero hay algo peor. Algo que a mi entender descalifica toda la propuesta: hay, ya lo he dicho, un crimen repugnante. Y hay una clara insinuación. Tan repugnante como el propio crimen por improbable.
Finalmente nos damos cuenta.
El problema de Perros que duermen es que no es una novela sino un ajuste de cuentas.
Poca literatura y mucha amargura.
Falta reposo, reflexión.
No seré yo quien niegue que en un guerra tan terrible como la que vivió nuestro país es difícil que los vencidos fuesen tratados con generosidad, no lo fueron, y muy difícil pensar en los años que siguieron.
Puede que sea imposible cerrar la herida para siempre.
Pero estoy seguro de que hay otras maneras de reivindicar el dolor de los antepasados.

Público

sábado, 14 de octubre de 2017

CINE: LA SUERTE DE LOS LOGAN de Steven Soderbergh

USA 2017
Channing Tatum. Adam Driver. Farrah Mackenzie. Riley Keough. Daniel Craig. Katie Holmes. Charles Hatford. Seth MacFarlane. Jack Quaid. Brian Gleeson. Katherine Waterston. Dwight Yoakum. Sebastian Stan. Robert Fortner. Hillary Swank. David Dennam.

La aparición de Soderbergh como director fue estelar. Nada menos que la Palma de Oro en Cannes.
Había sorprendido con uns película ligera y agradable, a mi entender sobrevalorada, que reunía todos los códigos del cine independiente americano que causaba entonces furor, pero con una estética más limpia y cierto descaro temático. Era Sexo, Mentiras y Cintas de Video.
A partir de ahí, su carrera fue lo contrario de lo que se podría esperar.
No abandono la capacidad de trabajar en proyectos tan extraños y marginales como Bubble, pero los combina con otros totalmente vinculados al star system de Hollywood y a su modelo de producción más comercial como la saga de Ocean's Eleven, Erin Brokovicz que sirvió un oscar a una actriz tan estrella como Julia Roberts, o Contagio, que recordaba a las cintas de catástrofes más tradicionales.
No quiero con esto dar la impresión de una valoración negativa.
Soderbergh hacía todo esto y lo hacía bien. Se había conformado como un creador camaleónico que, en ocasiones podía incluso recordar a otros aunque siempre con su toque singular. Un creador que, por otro lado, de vez en cuando anuncia una retirada que, por suerte, finalmente no se produce.
Ahora nos llega una nueva obra.
Tiene las características más reconocidas de su autor: ligereza, humor, caligrafía clara, elegancia.
Pero además, tiene también mucho de película personal, de declaración de principios:
La base puede ser tradicional. Una familia de perdedores en la America suburbial, planea el atraco perfecto. Para ello tiene que buscar la ayuda de otros delincuentes de poca monta. El conjunto no ofrece muchas esperanzas de éxito.
Está el dibujo de un país que tiene partes traseras que no siempre se ven. El sueño americano convertido ni siquiera en pesadilla sino en mal sueño para quienes tuvieron en algún momento la posibilidad del triunfo. La tierra sin horizontes donde todo huele a caduco, a feo.
Está el atraco, en los límites de la credibilidad que siempre tienen estas aventuras, aquellas en las que el guión va por delante sin hacernos sentir inútiles, porque a fin de cuentas es una de esas películas por y con su público.
Bien.
Pero el tono es singular.
Desde el principio está claro que estamos más cerca de los Cohen que de Sidney Lumet. Es difícil moverse en ese nivel tan cercano al absurdo y con un movimiento casi de cómic sin por ello distanciarse de la realidad que lo hace creíble.
Además, la historia va parándose a veces en el borde del camino o asomándose a otros senderos.
En general todo es diferente, con una mixtura entre lo sucio y lo chirriante, entre lo ridículo y lo inteligente.
Y sobre todo, estas casi dos horas son un entretenimiento muy muy divertido. Y mucho cine.
Cine en cada minuto, cine como entretenimiento, como espectáculo, como contador de historias con la libertad de moverlas a su gusto.
Para sacar adelante una propuesta como esta, es necesario que el director no este solo, que forme su troupe, algo que los Cohen han hecho muy bien. Soderbergh consigue aquí lo mismo, con un grupo de actores
Estoy convencido de que todos se lo pasaron tan bien como nos lo hacen pasar a nosotros.
No en vano,  el director les regala a todos un final de Feelgood Movie.
Lo compartimos.

Público

NOVELA: TRILOGÍA NEGRA DE PEKÍN de Diane Wei Liang

Incluye:
El Ojo de Jade
Mariposas para los Muertos
La Casa del Espíritu Dorado
Siruela Policiaca
688 páginas
También disponible en ebook.

No había oído hablar de esta autora china hasta la publicación conjunta de esta trilogía, aunque las novelas que la componen ya había sido editadas de forma independiente.
No conozco las razones de recogerlas en un sólo volumen ni si se ha repetido en otros países o es idea de Siruela.
En cualquier caso, me parece un acierto absoluto que sin duda da otra dimensión a cada pieza como parte de un conjunto.
Es muy interesante asistir a la evolución que, tanto en continente como en contenido, nos ofrece la lectura continuada del trío.
El Ojo de Jade, la primera, es una pieza corta. Apenas nos sirve para conocer a la protagonista, Wei Wing, antigua funcionaria que acaba de embarcarse en montar una agencia de detectives, así como situarla en su entorno familiar. La trama permite una pincelada breve de Pekín, una ciudad dura y compleja, así como de una sociedad lastrada por secretos del pasado.
La segunda, Mariposas para los Muertos, va mucho más allá.
Desde una estructura paralela, mucho más generosa con los personajes secundarios, se desarrolla una trama más completa también, desde el punto de vista histórico, mucho más crítica con algunos de los sucesos sobre los que se cimenta el país, en especial la matanza de Tianamén. La duda entre aquellos que decidieron no luchar frente a quienes dejaron su vida en el asfalto de aquella plaza es el pilar moral en el que se construye una obra que se atreve a cuestionar lo acomodaticio del pueblo chino actual.
Pero es la tercera, La Casa del Espíritu Dorado, la que va a sorprendernos de verdad.
Por un lado, nos encontramos ante una propuesta densa, más del doble en volumen de la primera y casi un tercio más larga que la segunda. Esta ambición, se corresponde con una trama compleja, en diferentes direcciones, y donde los acontecimientos personales se integran en el thriller. Es, de las tres, la que más se parece al modo clásico del género que hoy abarrota las librerías, salvando la diferencia de su exotismo.
Pero lo que es verdaderamente sorprendente es la visión crítica y despiadada de la estructura que sustenta la sociedad china contemporánea, de su capitalismo enamorado de los signos externos de lujo, de la corrupción endémica, de la imposición frente a la justicia.
Siempre he dicho que el género negro es en realidad un espejo de la realidad social. En este caso más valientemente que nunca.
Como decía al principio, creo que este volumen conforma un todo muy positivo. Me interesan menos las tramas ( la segunda es la que considero más perfecta desde ese punto de vista ) que la crónica, donde hay que destacar la ausencia de utilización turística del exotismo.
No creo que como referencia del género sea una obra maestra, pero sí conforma una literatura necesaria y, por supuesto, muy bien escrita y trabajada.
Repito, la mejor definición es la de una lectura muy interesante que actúa como actúa la mayoría de las veces la cultura: abriéndonos las puertas del mundo.

Público

jueves, 12 de octubre de 2017

SERIE : WOLF HALL de Peter Komisky/ Hilary Mantel

UK . 2017-
BBC
Mark Rylance. Damian Lewis. Claire Foy. Jonathan Pryce. Bryan Dick. Alex Heaney. Michael Jams Swan. David Bradley. Richard Dillane. Xavier Laurent. Jonathan Aris. Richard Banks. Joanna Whalley Kilmer
Duración- 6 capítulos de 60’ c.u.

Hilary Mantel nos tiene esperando a la tercera parte de su trilogía sobre Thomas Cromwell. Las dos primeras novelas, Wolf Hall y Una reina sin cabeza, fueron ambas merecedoras del Booker Prize. Son sin duda una muestra excelente de literatura histórica rigurosa y no podían tardar en pasar a imágenes, bien como película bien como serie de televisión.
Lo importante, una vez confirmado el proyecto de la BBC era como serían sus creadores capaces de afrontar la traslación de esa prosa densa, abigarrada, y esa estructura narrativa profunda y compleja.
Un vez más, la forma de conseguirlo ha sido separarse del original para conseguir lo mejor del mismo.
Wolf Hall la serie no intenta contar todos los pormenores que están presentes en las dos novelas. Habría sido una tarea imposible, no sólo por la cantidad de acontecimientos sino también por sus matices. A cambio, el aparente desorden del referente literario, se estructura alrededor de seis tramas, cada una protagonizando un capítulo, que, enlazadas entre ellas, hacen avanzar la narración global. Para encuadrar cada bloque, todos los capítulos se inician con un texto introductorio breve que sitúa a la perfección el entorno y los intereses que confluyen en el mismo.
Pero lo más importante es un guion perfecto y capaz de captar lo esencial para que no se pierda nada de la riqueza que podía contener el libro. Siempre que estemos atentos, es infinito aquello que nos ofrece este producto.
Lo que se respeta por encima de todo es el contenido. Lo que hace especialmente interesantes las novelas de Mantel, no es tanto el trasfondo histórico ya muchas veces revisitado por la ficción, sino su forma de abordarlo, desde un doble análisis: el íntimo y el social.
El íntimo se presenta con un análisis minucioso de los principales personajes, en especial de alguien tan titánico como Cromwell, un hombre de origen humilde y castigado por la vida hasta que logra auparse como uno de los más poderosos de la Inglaterra de su época inteligente, esquivo y en apariencia poco escrupuloso, aunque con un fondo ideológico muy comprometido en lo que se refiere a las reformas de la iglesia.
Ante ese fascinante ser , que es sin duda el motor del interés de la escritora, se presentan también retratos de personajes tan popularizados como Enrique VIII y Ana Bolena, ausentes de cualquier mitificación, recordándonos que la soberbia, la ambición, la codicia o la lujuria, sin otras justificaciones, son motores que en muchas ocasiones han movido el mundo. El abrazo final del monarca a quien ha cumplido sus deseos, es muy elocuente.
Pero con respecto a Cromwell, y para enlazar con la otra visión, es importante recordar que, como nos muestra de forma constante esta narración, nunca consiguió alcanzar el status de noble, a pesar del poder antes citado y de ser posiblemente la persona de la corte que se encontraba más cerca del Rey. Esto nos sitúa en el análisis de una sociedad de clases rígida, estructurada alrededor del nacimiento y tan férrea como las castas hindús. Una pirámide que sin duda generó también una sociedad injusta y rencorosa.
Por lo que se refiere a la producción, a la adecuación británica habitual en estos productos, hay que añadirle una sobriedad casi realista. El director entiende el peso de los personajes y de sus motivaciones y es a ellos a quienes observa de cerca. Por eso es tan importante conseguir una interpretación como la del shakespiriano Rylance, capaz de poner todo en una mirada. Sorprende también, por no haberlo pensado antes, el parecido de Lewis con la imagen icónica de Enrique VIII. Foy es de nuevo reina y de nuevo está perfecta. Veteranos como Pryce sólo podían sumar al conjunto.
Sé que también se ha convertido Wolf Hall en obra de teatro, algo que me parece todavía más difícil. Me encantaría poder verla.
Mientras alguien se decide por proyectarla o traerla a España o tengo la oportunidad de volver a Londres, me contentaré con haber disfrutado de esta excelente serie de televisión, capaz de demostrar los buenos productos que se pueden hacer de buenas novelas, sin que las dos fuentes entren en colisión.
Y por supuesto, a esperar la tercera parte de la trilogía de Mantel, algo que espero, no se haga esperar demasiado.

Público

CINE: CHURCHILL de Jonathan Teplitzky

UK. 2017
Brian Cox. Miranda Richardson. John Slattery. Jaes Puferoy. Julian Wadham

El título de esta película puede llevar a cierta confusión. Y es que Churchill no pretende ser una biografía del político inglés, sino una estampa de un hecho temporal concreto: la actuación del Primer Ministro ante el desembarco de Normandía previsto por los aliados norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial.
La cinta se estructura en varios días en los que vemos el desarrollo de los acontecimientos y, sobre todo, asistimos a ellos desde la perspectiva de un anciano incapaz de olvidar tragedias del pasado, en especial, la batalla de Galipolli que terminó en tragedia para tantos soldados británicos.
En este sentido, la primera escena, la más onírica en una caligrafía visual peculiar, es muy contundente. El viaje vamos a realizarlo, desde el interior del personaje, y así conoceremos su tozudez, su capacidad estratégica, su socarronería y su inteligencia, también su soberbia y su humanidad. Así como sus difíciles relaciones, en especial con su mujer pero también con quienes nunca habían dejado de admirarle y con quienes creían que su tiempo a había pasado. Importante punto a tener en cuenta, el paso del tiempo como huracán que puede relegar a los héroes al recuerdo.
Estéticamente la propuesta es muy bella al tiempo que muy gráfica, mostrando en varias ocasiones la pequeñez del ser humano ante la Historia. La fotografía cuidada y la dirección artística al nivel de este tipo de películas.
Churchill puede ser pequeña, pero es más que correcta. Tiene sensibilidad y se muestra como una hermosa recreación de como acontecimientos que cambiaron el curso del planeta se mueven en una esfera personal.


Público 

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2017

Después del affaire Bob Dylan del año anterior, todo el mundo esperaba un valor seguro como Nobel de Literatura 2017. De todos modos la Academia Sueca es poco dada a demostrar arrepentimiento plegándose al sentir popular. Sin ser rompedor, necesitaban un candidato que siguiese generando cierta sorpresa. No era por lo tanto el año Murakami ( gracias al cielo), ni Auster ( una pena ), ni Marías. Entre las sorpresas, ya he dicho muchas veces que a mi me habría encantado Anne Tyler.
En cualquier caso. Sorpresa. Ishiguro. Un viejo conocido que, que yo sepa, nunca había estado en ninguna lista, ni ahora ni en ejercicios anteriores.
¿Y?.
Pues la verdad, siento que mi percepción no es justa. Encajo a este autor de origen japonés, y cuya obra conozco casi en su totalidad, como parte del grupo de escritores británicos de la cartera de Anagrama. Y entre ellos, creo que Ian MacEwan por ejemplo me parece con una obra más completa.
Sin embargo, no conozco una novela de su autor que no me guste, nunca me ha decepcionado la elegancia y la serenidad de su prosa, y hay que reconocerle una capacidad de búsqueda que le ha llevado , desde las chejovianas Pálida luz de las colinas o Un artista en el mundo flotante, al surrealismo absurdo de Los inconsolables, pasando por la íntima perfección y análisis social de Los restos del día. En su asomo a la ciencia ficción está su, para mi, obra más lograda, Nunca me abandones. Su última aportación, El gigante dormido, utiliza de nuevo un género británico, en este caso la novela de leyenda medieval, para una triste crónica sobre el paso del tiempo, la memoria y el olvido.Por que Ishiguro es un inmigrante respetuoso y agradecido, el más británico de los no británicos.
Tengo que aceptar que, para muchos, este premio pueda tener el nivel de descubrimiento que para mi tuvo Alice Munro, Herta Muller, Pactrick Modiano…. Y en m caso, agradecer que alguien que me ha regalado tan buenos momentos, tan imaginativos y tan elegante, reciba su recompensa.
Enhorabuena pues.

Público.

miércoles, 11 de octubre de 2017

CINE: MORIR de Fernando Franco

España 2017
Marian Álvarez. Andrés Gertrudix

Debe de ser muy difícil narrar lo cotidiano con una mirada absolutamente sincera y capaz de no intervenir.
Que complejo que parezca sencillo huir totalmente de las tentaciones del melodrama. Que arriesgado lanzarse a atrapar la verdad.
Fernando Franco sorprendió hace pocos años con La Herida.
Ahora avanza por la misma senda. Con material aun más extremo. Y no ya con la misma coherencia, sino asumiendo una posición más radical.
Está claro que esa búsqueda de Fernando Franco es casi una vocación, la de contar historias destilándolas, eliminando todo lo superfluo. Encontrar la esencia y regalárnosla, si somos lo suficientemente inquietos para alcanzarla.
Luis y Marta son una pareja joven, con un enamoramiento cómplice. No pasan muchos minutos de película hasta que aparece la enfermedad, un proceso que pronto se convertirá en una condena a muerte. La decisión de él de no compartir su estado con nadie más, encierra a la pareja en su propia odisea íntima, una odisea en un presente absoluto, pegado al transcurso del tiempo.
No tienen pasado, tampoco nadie que gire a su alrededor más que muy tangencialmente, y el futuro es algo obviamente incierto.
Podemos quedarnos en la superficie. Si lo hacemos con la mente abierta, podemos dejarnos llevar por la extraña agilidad con la que el director consigue que fluya este final de romance.
Podemos intentar ahondar más.
Cuando es la esencia lo que se queda, podemos elevar a los personajes y otorgarles una dimensión casi mítica, la de una humanidad llevada al límite que nos muestra una capacidad de amar que se torna en entrega y condena, un descenso al abandono de la mano del miedo, la infinidad de esquinas que tiene cualquier relación y que aquí están al límite.
Es un doloroso viaje interior, una aventura íntima sin concesiones. El atrevimiento de ponernos ante nuestros ojos la posibilidad de un espejo que todos querríamos evitar.
La cinta pivota de forma absoluta sobre los dos personajes. Y consecuentemente de sus dos actores principales.
Andrés Gertrudix, a quien conocía poco, está perfecto y recorre el camino del dolor ante nuestros ojos.
Marian Alvarez ya le regaló a Franco en La Herida una interpretación que vale por si sola una película. Aquí lo hace de nuevo. Su interpretación es difícil calificarla como tal porque es difícil creer que no se corresponde con la realidad, tal es la cantidad de matices con los consigue transmitirnos toda la entidad de Marta, cargada de dudas, de voluntad, de errores y de aciertos.
He leído que la taquilla no está respondiendo. Espero que si lo hagan la crítica y los premios y que eso sirva para alargar sus posibilidades. Sin duda puede parecer un cine difícil, sin duda no es agradable contemplar la decadencia. Pero también es cierto que yo no miré el reloj en ningún momento.
Morir es muy buen cine. Amargo, sin concesiones.
Merece la pena sufrir un poco. De verdad.

Público

sábado, 30 de septiembre de 2017

NOVELA: TIERRA DE CAMPOS de David Trueba

Anagrama
408 páginas
También disponible en ebook.

En El Monarca de las Sombras, Javier Cercas utiliza para varios  episodios, seguramente reales, a David Trueba. Al margen de su involucración en esa ficción documental, el autor dedica también como contrapartida, algunas páginas al hablar de este a quien considera un buen amigo. La descripción es la de una persona que es ejemplo del buen rollo.
Esto es algo que yo deducía a través de su obra y de sus pocas apariciones públicas ( en especial en la gala de los Goya donde sorprendentemente venció con Vivir es fácil con los ojos cerrados ).
Su imagen es para mi la del tierno perdedor, la del compañero que nunca se lleva a la más guapa pero sí a los mejores amigos, la del intelectual triste y cotidiano con un gran corazón, la de la persona que es capaz de reírse de si misma y no de reírse de los demás.
Es divertido, inteligente, melancólico, lírico, generoso. En resumen, un buen tío.
Alguien sin duda muy de barrio, muy ligado a la calle y al entorno urbano. Sin embargo, con referencias literarias de quien ha leído mucho desde su infancia y es capaz de integrar sus influencias en la obra no como copia sino como homenaje.
Tierra de Campos comienza con un personaje que será protagonista absoluto, un músico en su segunda fase del éxito. Su padre acaba de morir y ha decidido enterrarlo en su pueblo. Para ello emprende un viaje que terminará en un cómico homenaje rural. Pero durante estas jornadas habrá también otro viaje, el suyo al pasado, lo que le llevará a rememorar su azarosa vida y compartirla con nosotros.
Así, conocemos un largo itinerario que comienza en un colegio de curas, a lomos de una guitarra y con un excéntrico acompañante, una especie de Puck de asfalto, y derrapa por carreteras que recorren toda la geografía española para llegar nada menos que a Japón.
En esta larga rememoración hay mucho material para una crónica física y espiritual del desarrollo de nuestro país en los últimos años. Con una sobriedad y una capacidad de análisis que permite el reconocimiento inmediato.
En la parte espiritual, el autor tiene un bisturí que disecciona para compartir con nosotros  una visión muy lúcida que tiñe con una sonrisa siempre.
Trueba acierta en ese sentido.
Como también acierta en ese lenguaje algo pastoso, denso en significados y metáforas que basculan siempre entre el humor y la poesía. Un lenguaje muy cercano pero admirable.
En lo único que encuentro cierta pesadez es en la falta de foco. El libro es una especie de autobiografía que, en demasiadas ocasiones, peca de didáctica, de confundir acción y contenido y darle cierta lentitud y reiteración. Parece como si la historia pudiese detenerse en cualquier momento sin que se perjudique el conjunto; de hecho su final no es lo más logrado del libro.
Por último, citar que, si antes hablaba de las referencias clásicas, en Trueba, como en todos los narradores que se esfuerzan en contar historias, veo ecos de Dickens, incluso temáticos, adornando la epopeya con misterios secretos, viajes exóticos e incluso una muerte susceptible de ser investigada.
Empecé este comentario hablando del buen rollo que parece generar David Trueba.
No sé si gustan todos sus libros, pero tengo la seguridad de que gustan que gusten. Cada vez que tengo un libro suyo entre las manos, me encantaría que fuese una obra maestra.
Eso tiene importancia a la hora de la crítica donde todos han sido muy condescendientes.
Me pasa lo mismo.
Como he dicho, Tierra de Campos me parece una obra con muchos valores, pero está lejos de ser una gran obra.
Probablemente sea la obra más personal de su autor hasta que no es difícil identificar con Daniel Mosca, el protagonista. No es fácil trabajar con material personal. es demasiado cercano. Pero además, se quieren contar demasiadas cosas.
Pecados que no lastran lo positivo pero que tampoco consiguen tapar totalmente sus defectos.
En cualquier caso, su autor ha conseguido, con su actitud y la posición que toma como narrador, que queramos amarlo.
Eso también es un valor a reconocer.

Público

viernes, 29 de septiembre de 2017

CINE: MADRE¡ de Darren Aronofsky

USA. 2017.
Jennifer Lawerence. Javier Bardem. Ed Harris. Michelle Pfeiffer. Brian Gleeson. Domhall Gleeson

Había leído mucho sobre esta película. Criticas que la adoraban y otras que llegaban a la agresividad. Interpretaciones diversas. Intentos de ajustarla a algo conocido...
Pero no estaba preparado para esto.
Empiezo diciendo que, si bien Madre¡ no me ha gustado nada, no me posición entre quienes la odian. Esto supondría otorgarle cierta categoría de cine maldito o de riesgo fracasado que no merece. A mi entender es sólo y simplemente un delirio bastante tonto de alguien a quien se le han desbocado los límites de la soberbia y las ganas de pasar a la historia.
Y puede pasar a la historia, como una de las propuestas más ridículas de la década.
Todo comienza en una casa solitaria con un matrimonio que obviamente no pasa por su mejor momento. Es en esta parte de la cinta donde se consiguen los mejores momentos y se conciben esperanzas que luego quedarán frustradas. Es verdad que ya sorprendes apuntes que se pasan la coherencia por el arco de triunfo, como que nuestra joven protagonista no se sorprenda demasiado porque una casa sangre, le envíe mensajes o por descubrir un extraño objeto en el inodoro y nuevas habitaciones escondidas. O que no se sorprenda lo suficiente como para contárselo a su marido. Vale, digamos que lo asumimos como las rarezas de un director estrafalario y que esperamos entenderlo en algún momento.
Es en esa etapa también donde comienzan a aparecer personajes extraños, y aquí contamos con la perfección de Ed Harris y con una  Michelle Pfeiffer que nos recuerda, excelente, porque la echamos tanto de menos.
Hasta aquí tenemos un inquietante thriller psicológico que mantiene un buen nivel de tensión.
Pero aparecen los hijos ( nota: para alguna de las críticas que interpretaban esta obra nada menos que como una versión libre de la Biblia, esta pareja de jóvenes enfadados, se identifica con Cain y Abel.... me guardo mi opinión ).
A partir de aquí, el director parece haberse metido en un baño de LSD, y no digo yo que bajo el efecto de sustancias psicotrópicas Madre¡ no pueda ser un viaje inolvidable, pero en estado normal, sólo consigue una mezcla de hilaridad y cabreo ante tamaño desatino.
Sin hacer demasiada memoria, voy a enumerar todas aquellas cosas y referencias que, de modo desordenado aparecen desde entonces:
La Semilla del Diablo, El Resplandor, restos de apocalipsis, la trata de blancas, la crisis de la emigración, los falsos profetas y los nuevos dioses, canibalismo ( en una escena difícil de olvidar ), El Ansia, vampirismo, el sentido circular de la existencia, la falacia del éxito, la necesidad de ser amado...
Es un caos. Pero no un caos atractivo, inteligente, hipnótico. No. Un caos vacío.
Algunos hablan de su argumento ( y encaja con las palabras del director en el programa de mano ) como una metáfora de la devastación de la naturaleza. Pues bien, desde este punto de vista, la metáfora es entonces absolutamente pueril.
Llego al final de este comentario reconociendo que hay, como ya he dicho, una primera hora interesante, también interpretaciones muy buenas ( sufrida Lawerence, magnífica Pfeiffer ), fuerza visual en las imágenes.  Pero todo esto, siendo generoso, se viene abajo estrepitosamente por una narración, lo digo de nuevo, ridícula.
Francamente, no puedo entender que le han visto quienes la califican de obra maestra. Obviamente son más generosos que yo. Posiblemente más lúcidos. Pero para la gente normal: no se acerquen a este bodrio malsano y profundamente desagradable. No merece la pena.
Ni por ser modernos....

Público